
El nerviosismo y las dudas adornaban lo que hasta el momento era el partido más 'manoseado' de la Euro 2012. España y Croacia se enfrentaban en un duelo fraticida en el que cualquier de los dos podían timbrar los pasajes de regreso a casa. Pero había una solución: el 2-2 los acomodaba a ambos en cuartos de final sin importar lo que hiciera a esa misma hora Italia ante los eliminados irlandeses. Y el trámite del juego siempre fue áspero, rudo y trabajado. Los españoles -como siempre- impusieron su juego de eternas paredes y toques en búsqueda de alimentar a un renacido Fernando Torres. Pero esta vez no tuvieron el premio habitual. El equipo de Michel Bilek se plantó con dos líneas de cuatro firmes e inexpugnables. Con esa idea dura en la cabeza comenzaron a forjar su suerte. El primer tiempo incluso regaló una de las más grandes polémicas del torneo. Sergio Ramos derribó en el área a Manzukic y el juez alemán Wolfgang Stark lo dejó impune. El hecho conmocionó a los balcánicos, quienes sabían de antemano que dispondrían de prácticamente ninguna situación clara de gol. Los campeones de Europa y del mundo intentaban sin suerte conectar sus interminables obras de arte. Ya con Italia ganando la presión se instaló como nunca antes: un gol croata eliminaba a los de Del Bosque, quienes se mostraban exquisitos en el toque pero improductivos en la factura. Y llegó la chance más clara. Luka Modric apareció por la banda derecha y sacó un centro a tres dedos con destino al sevillista Rakitic, viejo conocido para los hispanos. Pero Casillas estuvo formidable. Como contra Italia en la Euro pasada, o Paraguay y Holanda en Sudáfrica 2010. El golero se estiró cuan largo es y puso candado al cabezazo. Fue el respiro español pero la llegada de la incertidumbre total que acompañaría hasta el final del partido. Casi con ninguna nueva llegada clara de gol, ambos equipos se enfrascaron en un juego dominado por los nervios. Croacia quería pero no tenía las armas y España poseía el método pero no los exponentes. Así el 0-0 parecía destinado. Del Bosque movió la pizarra incluyendo a Cesc Fábregas por un opaco David Silva. Y el del Barcelona timbró con jerarquía. Cuando los 88' ya sentaban bien al empate español, el ex Arsenal cuchareó un balón a su socio de Johannesburgo, Andrés Iniesta, quien con un toque venenoso le entregó el gol al eléctrico Navas. El canto español volvía a entonarse en toda Ucrania y Polonia avisando que van por el inédito bicampeonato.